Carta de agradecimiento a una artesana de la empatía
Querida Gilda:
Quiero darte las gracias de corazón por la hondura y la verdad que derramas en cada una de tus páginas y recitales. Tras recorrer tu última novela, Aniceta y las dos Españas, y haberme emocionado profundamente con la lectura y la escucha de tus poemas, he descubierto en tu voz un refugio literario insustituible.
Para mí, tu forma de escribir se define en tres palabras: verdad, compasión y luz.
Tienes el don único de ser una alquimista del dolor. En composiciones como «Dime, ¿por qué me tratas así?», empuñas el verso como un bisturí valiente para agitar conciencias y denunciar las sombras del mundo. Sin embargo, con esa misma mano, eres capaz de modelar una caricia llena de bruma y mar en «Ayer estuve en nuestra isla», logrando que tu nostalgia cántabra se convierta en el espejo de nuestros propios recuerdos.
Pero, por encima de todo, te agradezco el regalo de «Princesa Guerrera». Convertir la durísima batalla de tu amiga contra el cáncer en un canto heroico de victoria y dignidad es un acto de amor puro hecho literatura. Nos demuestras que la gran poesía no nace del ego, sino de la necesidad humana de sanar y salvar del olvido lo que de verdad importa.
Gracias a ti, y a la complicidad mágica que creas en el escenario junto a las cuerdas de Manuel Iberia, la poesía sigue siendo un arte vivo que nos pone los pelos de punta y nos abraza el alma. Sigue custodiando la memoria de nuestra tierra y de nuestras gentes. Tu comunidad te aprecia y te quiere.
Con toda mi admiración y respeto,
Un lector agradecido.
Carlos Uriarte Ortiz
